Ine (4-06-14).- La disminución en el consumo y sustancias potencialmente dañinas para la capa de ozono, que se encuentran en espumas y sustancias para refrigeración, evidencian los esfuerzos que Bolivia realiza para proteger el medio ambiente.
Según datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en vísperas del Día Mundial del Medio Ambiente, donde también se informa sobre el cambio climático, calidad del aire en la ciudad de La Paz, consumo de agua potable, manejo forestal y extracción de madera.
El 5 de junio fue declarado Día Mundial del Medio Ambiente por la Asamblea General de las Naciones Unidas, para sensibilizar a la población en temas ambientales. Bolivia aprobó en abril de 1992, la Ley 1333 del Medio Ambiente para la protección y conservación del medio ambiente, los recursos naturales y promoción del desarrollo sostenible. En abril del 2003, el Gobierno boliviano organizó la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los derechos de la Madre Tierra.
El consumo de sustancias agotadoras del ozono descendió
El año 2013 en Bolivia, el consumo de Sustancias Agotadoras del Ozono (SAO) descendió a 12,8 toneladas métricas (TM) en relación a los últimos 9 años. El año 2012 se registró el más alto nivel con 303,8 TM. Las sustancias que agotan la capa de ozono son químicos que tienen el potencial de reaccionar con las moléculas de ozono de la estratósfera, destruyéndola. Por otro lado, el Potencial Agotador de Ozono (PAO) ha registrado una disminución considerable, 1,1 TM en el año 2013, siendo el año 2004 el más alto, cuando se registró 46,8 TM.
Consultar artículo íntegro
Fuente: INE
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miércoles, 4 de junio de 2014
viernes, 8 de noviembre de 2013
OMM advierte aumento acelerado de emisiones de gases de efecto invernadero
Onu (6-11-13).- La cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera alcanzó un nuevo pico en 2012 respondiendo a una tendencia ascendente y acelerada que conduce hacia el cambio climático.
Así lo advirtió hoy la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su boletín anual sobre los gases de efecto invernadero.
La publicación indica que entre 1990 y 2012 se produjo un incremento del 32% en la fuerza de radiación, con la cual se mide el efecto del calentamiento del clima, debido a la concentración de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de larga duración que atrapan el calor.
El secretario general de esa agencia de la ONU, Michel Jarraud, dijo en conferencia de prensa en Ginebra que el aumento de esos niveles está cambiando el clima global, las condiciones meteorológicas son más extremas, se derriten las capas de hielo y los glaciares, y aumenta el nivel del mar.
“El tiempo no está a nuestro favor. El CO2 es un gas muy estable, lo que significa que no existe una reacción química que pueda destruirlo en la atmósfera, por lo que permanece allí por largos periodos, cientos de años. Por esa razón, lo que hagamos o dejemos de hacer ahora tendrá consecuencias durante mucho tiempo”, explicó el experto.
El boletín de la OMM también señala que el dióxido de carbono es el gas de efecto invernadero más emitido por las actividades humanas, incluida la quema de combustibles fósiles, como el petróleo y la deforestación.
Fuente: Prensa ONU
Así lo advirtió hoy la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su boletín anual sobre los gases de efecto invernadero.
La publicación indica que entre 1990 y 2012 se produjo un incremento del 32% en la fuerza de radiación, con la cual se mide el efecto del calentamiento del clima, debido a la concentración de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de larga duración que atrapan el calor.
El secretario general de esa agencia de la ONU, Michel Jarraud, dijo en conferencia de prensa en Ginebra que el aumento de esos niveles está cambiando el clima global, las condiciones meteorológicas son más extremas, se derriten las capas de hielo y los glaciares, y aumenta el nivel del mar.
“El tiempo no está a nuestro favor. El CO2 es un gas muy estable, lo que significa que no existe una reacción química que pueda destruirlo en la atmósfera, por lo que permanece allí por largos periodos, cientos de años. Por esa razón, lo que hagamos o dejemos de hacer ahora tendrá consecuencias durante mucho tiempo”, explicó el experto.
El boletín de la OMM también señala que el dióxido de carbono es el gas de efecto invernadero más emitido por las actividades humanas, incluida la quema de combustibles fósiles, como el petróleo y la deforestación.
Fuente: Prensa ONU
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martes, 1 de octubre de 2013
Bolivia comienza campaña de reforestación con el programa Mi Árbol
PL (30-09-13).- Bolivia iniciará mañana una campaña de reforestación en áreas rurales y urbanas del país con la intención de sumar a ella la mayor cantidad de personas, anunció hoy el ministro de Medio Ambiente y Agua, José Zamora.
Las actividades oficiales comenzarán en la zona de Tejada Alpacoma, del departamento de La Paz, con motivo del Día del Arbol, que se celebra cada 1º de octubre, y como parte del programa Mi Arbol.
En declaraciones a la televisora Cadena A, Zamora insistió en la necesidad de recuperar las áreas desforestadas del país, las cuales son extensas, sobre todo en la parte andina, el altiplano y la región sur.
Como parte de la referida campaña, que se extenderá hasta el primer semestre del año próximo, todos deberíamos sembrar por lo menos un árbol, insistió Zamora, quien aclaró que lo mismo puede hacerse en áreas rurales como urbanas.
Al mismo tiempo, solicitó a las alcaldías y gobernaciones escoger los espacios adecuados y garantizar las condiciones necesarias para evitar que los árboles plantados mueran, sobre todo por falta de agua.
Zamora llamó a los ambientalistas a sumarse a la campaña y recalcó que "los árboles están ligados a la vida, lejos de la política. No es un tema ideológico, lamentablemente otros lo interpretan de esa manera".
Bolivia cuenta con inmensas zonas boscosas en los departamentos de Beni, Pando, Cochabamba y Santa Cruz, pero en otros como Oruro y Potosí abundan los desiertos, en los cuales apenas crecen cactus.
En el Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo con 10 mil 582 kilómetros cuadrados, la flora es inexistente.
Fuente: Prensa Latina
Las actividades oficiales comenzarán en la zona de Tejada Alpacoma, del departamento de La Paz, con motivo del Día del Arbol, que se celebra cada 1º de octubre, y como parte del programa Mi Arbol.
En declaraciones a la televisora Cadena A, Zamora insistió en la necesidad de recuperar las áreas desforestadas del país, las cuales son extensas, sobre todo en la parte andina, el altiplano y la región sur.
Como parte de la referida campaña, que se extenderá hasta el primer semestre del año próximo, todos deberíamos sembrar por lo menos un árbol, insistió Zamora, quien aclaró que lo mismo puede hacerse en áreas rurales como urbanas.
Al mismo tiempo, solicitó a las alcaldías y gobernaciones escoger los espacios adecuados y garantizar las condiciones necesarias para evitar que los árboles plantados mueran, sobre todo por falta de agua.
Zamora llamó a los ambientalistas a sumarse a la campaña y recalcó que "los árboles están ligados a la vida, lejos de la política. No es un tema ideológico, lamentablemente otros lo interpretan de esa manera".
Bolivia cuenta con inmensas zonas boscosas en los departamentos de Beni, Pando, Cochabamba y Santa Cruz, pero en otros como Oruro y Potosí abundan los desiertos, en los cuales apenas crecen cactus.
En el Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo con 10 mil 582 kilómetros cuadrados, la flora es inexistente.
Fuente: Prensa Latina
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jueves, 1 de agosto de 2013
Biocarbón puede hacer retroceder el reloj climático
Ips (1-08-13).- Mientras políticos en todo el mundo se preguntan cómo reducir las futuras emisiones contaminantes, algunos científicos y ambientalistas se centran en definir maneras seguras y eficientes de disminuir el dióxido de carbono que ya está en la atmósfera. El biocarbón o “biochar” es una de ellas.
Se trata de una antigua práctica de fertilización que implica fabricar carbón a partir de los cultivos del año anterior, y mezclarlo en el suelo con el fin de nutrir la tierra para el año siguiente. El biochar impide que llegue a la atmósfera el dióxido de carbono que emiten las plantas cuando mueren y se descomponen naturalmente.
En mayo, una estación científica de Estados Unidos anunció que, por primera vez, las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono habían sobrepasado las 400 partes por millón (ppm). Los científicos climáticos advierten desde hace años que niveles superiores a 350 ppm pueden generar un “punto de inflexión” que acelere el derretimiento de los hielos polares, elevando las temperaturas mundiales y los eventos meteorológicos extremos.
“Necesitamos un cambio de paradigma en nuestro enfoque hacia el clima, para cambiar realmente la forma como miramos lo que significa una solución. La mayor parte del debate no solo se centra en el sector energético, sino también en las emisiones actuales”, dijo Mark Hertsgaard, un periodista que en las últimas dos décadas se dedicó a asuntos climáticos, ante una audiencia en Washington.
“Las emisiones en curso, las actuales y las futuras, agregan alrededor de dos ppm de dióxido de carbono a la atmósfera por año, pero lo que pauta el problema son las 400 ppm que ya están en la atmósfera. Aunque actualmente toda la discusión es sobre esas dos ppm, también tenemos que tomarnos en serio las 400 ppm (y ver) cómo extraer dióxido de carbono de la atmósfera”, agregó.
Hertsgaard señaló un informe de la Organización de las Naciones Unidas que concluyó que en la década previa a 2010 se produjo una cantidad sin precedentes de “eventos meteorológicos extremos”. Aunque repentinamente se frenaran todas las nuevas emisiones, dijo, los científicos sugieren que las temperaturas mundiales continuarán en aumento durante por lo menos otras tres décadas.
Sin embargo, según una cantidad cada vez mayor de investigadores del suelo, científicos climáticos y otros, el biocarbón puede ofrecer una oportunidad de reducir esos niveles mundiales preexistentes de dióxido de carbono.
A través de la fotosíntesis, todas las plantas absorben naturalmente el dióxido de carbono del aire como parte integral de su propio ciclo vital. En circunstancias normales, ese carbono se vuelve a liberar en la atmósfera cuando la planta muere y se descompone, pero la idea que hay detrás del biocarbón es consolidar ese carbono de una forma sólida que pueda colocarse bajo la tierra y, así, fuera de la atmósfera, por lo menos por cierto tiempo.
La parte central del proceso implica quemar la planta –tal vez cultivos que han muerto, tal vez árboles que hicieron lo propio por culpa de una infestación, o tal vez algo plantado específicamente con este fin- en un fuego bajo en oxígeno, y convertirla en carbón. El biocarbón resultante puede usarse luego como un fertilizante de alta potencia, ofreciendo beneficios tanto para los agricultores como para la lucha contra el cambio climático.
Según estimaciones realizadas por Johannes Lehmann, un investigador en ciencias agrícolas de la Universidad de Cornell, el mundo podrá compensar plenamente sus emisiones anuales de gases de efecto invernadero si el biochar se agrega a alrededor de 10 por ciento de los predios agrícolas existentes.
En cualquier caso, esa es la idea. Por ahora, incluso para quienes consideran este método relativamente sólido, el potencial de aumentar a una escala significativa el uso de biocarbón en el mundo todavía está lejos de cumplirse.
“Persisten muchas preguntas, pero la clave aquí es que necesitamos ampliar nuestra mirada para hacer que la agricultura esté en el centro del debate sobre el cambio climático”, dijo Hertsgaard.
“En teoría, el biocarbón puede ser un medio de hacer retroceder el reloj del clima. Sin duda, la agricultura puede ser una parte crucial de la solución para que el problema dé marcha atrás”, agregó.
Beneficios para el suelo
Hasta ahora, el financiamiento y el apoyo político para el biocarbón han sido desparejos, aunque hay claro interés gubernamental en Estados Unidos y en la Unión Europea.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos mostró tal vez el mayor interés institucional hasta la fecha, financiando una serie regular de pequeños subsidios para que continúe la investigación sobre el biocarbón, particularmente en universidades.
Aunque en el Congreso de Estados Unidos se han hecho intentos por garantizar el financiamiento en importante legislación agrícola, aún no han tenido éxito.
La Organización de las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) también han promovido y estudiado una serie de proyectos, pero algunos observadores sugieren que la mayoría de los donantes todavía adoptan un enfoque de esperar y ver.
Sin embargo, actualmente hay varias decenas de proyectos piloto y de pequeña escala que avanzan en países en desarrollo, particularmente en India.
De hecho, aunque el debate internacional sobre el clima ofrece un potencial tentador pero todavía remoto para el biocarbón, las necesidades de seguridad alimentaria de los países pobres constituyen la oportunidad más tangible para este enfoque.
Está disponible una serie de diseños simples y baratos para crear biocarbón, la mayoría de los cuales se crearon a partir de recipientes de 208 litros.
“Los habitantes de países en desarrollo a menudo están limitados por la pobreza de sus suelos, que son ácidos o pobres en nutrientes, y es allí donde la adición de biocarbón tiende a mostrar el mayor aumento en los índices de crecimiento”, dijo Thayer Tomlinson, directora de comunicaciones en la Iniciativa Internacional del Biochar (IBI, por sus siglas en inglés), una organización con sede en Estados Unidos, en diálogo con IPS.
“Parte de la importancia de esto es que las comunidades puedan usar residuos agrícolas en vez de leña, y convertir eso en productos útiles. Estos beneficios significativos para el suelo pueden brindarse sin talar bosques, sin depender tanto de los fertilizantes comerciales, y usando simplemente productos que de otro modo podrían ser descartados”, señaló.
El IBI existe desde 2007 y, según Tomlinson, en ese tiempo el interés en el biocarbón aumentó notoriamente, a partir de la industria, los empresarios, los expertos en desarrollo y otros.
“Observando las referencias bibliográficas al biocarbón, se ve que hubo enormes aumentos año a año”, dijo Tomlinson.
Aunque este tema tiende a abarcar a varios grupos de intereses, claramente hay un interés comercial cada vez mayor, sostuvo.
Mientras, la industria trabaja para estandarizar los productos de este pujante sector.
El año pasado, la IBI presentó estándares iniciales para definir al biocarbón, y hace dos meses reveló un nuevo programa de certificación para productores de América del Norte.
En abril, la organización presentó un protocolo de “compensación de carbono” ante reguladores de Estados Unidos, con el fin de cuantificar cuánto carbono hay en el biocarbón y las emisiones que su uso contrarrestaría. Ahora el documento está abierto a los comentarios del público.
Fuente: IPS
Se trata de una antigua práctica de fertilización que implica fabricar carbón a partir de los cultivos del año anterior, y mezclarlo en el suelo con el fin de nutrir la tierra para el año siguiente. El biochar impide que llegue a la atmósfera el dióxido de carbono que emiten las plantas cuando mueren y se descomponen naturalmente.
En mayo, una estación científica de Estados Unidos anunció que, por primera vez, las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono habían sobrepasado las 400 partes por millón (ppm). Los científicos climáticos advierten desde hace años que niveles superiores a 350 ppm pueden generar un “punto de inflexión” que acelere el derretimiento de los hielos polares, elevando las temperaturas mundiales y los eventos meteorológicos extremos.
“Necesitamos un cambio de paradigma en nuestro enfoque hacia el clima, para cambiar realmente la forma como miramos lo que significa una solución. La mayor parte del debate no solo se centra en el sector energético, sino también en las emisiones actuales”, dijo Mark Hertsgaard, un periodista que en las últimas dos décadas se dedicó a asuntos climáticos, ante una audiencia en Washington.
“Las emisiones en curso, las actuales y las futuras, agregan alrededor de dos ppm de dióxido de carbono a la atmósfera por año, pero lo que pauta el problema son las 400 ppm que ya están en la atmósfera. Aunque actualmente toda la discusión es sobre esas dos ppm, también tenemos que tomarnos en serio las 400 ppm (y ver) cómo extraer dióxido de carbono de la atmósfera”, agregó.
Hertsgaard señaló un informe de la Organización de las Naciones Unidas que concluyó que en la década previa a 2010 se produjo una cantidad sin precedentes de “eventos meteorológicos extremos”. Aunque repentinamente se frenaran todas las nuevas emisiones, dijo, los científicos sugieren que las temperaturas mundiales continuarán en aumento durante por lo menos otras tres décadas.
Sin embargo, según una cantidad cada vez mayor de investigadores del suelo, científicos climáticos y otros, el biocarbón puede ofrecer una oportunidad de reducir esos niveles mundiales preexistentes de dióxido de carbono.
A través de la fotosíntesis, todas las plantas absorben naturalmente el dióxido de carbono del aire como parte integral de su propio ciclo vital. En circunstancias normales, ese carbono se vuelve a liberar en la atmósfera cuando la planta muere y se descompone, pero la idea que hay detrás del biocarbón es consolidar ese carbono de una forma sólida que pueda colocarse bajo la tierra y, así, fuera de la atmósfera, por lo menos por cierto tiempo.
La parte central del proceso implica quemar la planta –tal vez cultivos que han muerto, tal vez árboles que hicieron lo propio por culpa de una infestación, o tal vez algo plantado específicamente con este fin- en un fuego bajo en oxígeno, y convertirla en carbón. El biocarbón resultante puede usarse luego como un fertilizante de alta potencia, ofreciendo beneficios tanto para los agricultores como para la lucha contra el cambio climático.
Según estimaciones realizadas por Johannes Lehmann, un investigador en ciencias agrícolas de la Universidad de Cornell, el mundo podrá compensar plenamente sus emisiones anuales de gases de efecto invernadero si el biochar se agrega a alrededor de 10 por ciento de los predios agrícolas existentes.
En cualquier caso, esa es la idea. Por ahora, incluso para quienes consideran este método relativamente sólido, el potencial de aumentar a una escala significativa el uso de biocarbón en el mundo todavía está lejos de cumplirse.
“Persisten muchas preguntas, pero la clave aquí es que necesitamos ampliar nuestra mirada para hacer que la agricultura esté en el centro del debate sobre el cambio climático”, dijo Hertsgaard.
“En teoría, el biocarbón puede ser un medio de hacer retroceder el reloj del clima. Sin duda, la agricultura puede ser una parte crucial de la solución para que el problema dé marcha atrás”, agregó.
Beneficios para el suelo
Hasta ahora, el financiamiento y el apoyo político para el biocarbón han sido desparejos, aunque hay claro interés gubernamental en Estados Unidos y en la Unión Europea.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos mostró tal vez el mayor interés institucional hasta la fecha, financiando una serie regular de pequeños subsidios para que continúe la investigación sobre el biocarbón, particularmente en universidades.
Aunque en el Congreso de Estados Unidos se han hecho intentos por garantizar el financiamiento en importante legislación agrícola, aún no han tenido éxito.
La Organización de las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) también han promovido y estudiado una serie de proyectos, pero algunos observadores sugieren que la mayoría de los donantes todavía adoptan un enfoque de esperar y ver.
Sin embargo, actualmente hay varias decenas de proyectos piloto y de pequeña escala que avanzan en países en desarrollo, particularmente en India.
De hecho, aunque el debate internacional sobre el clima ofrece un potencial tentador pero todavía remoto para el biocarbón, las necesidades de seguridad alimentaria de los países pobres constituyen la oportunidad más tangible para este enfoque.
Está disponible una serie de diseños simples y baratos para crear biocarbón, la mayoría de los cuales se crearon a partir de recipientes de 208 litros.
“Los habitantes de países en desarrollo a menudo están limitados por la pobreza de sus suelos, que son ácidos o pobres en nutrientes, y es allí donde la adición de biocarbón tiende a mostrar el mayor aumento en los índices de crecimiento”, dijo Thayer Tomlinson, directora de comunicaciones en la Iniciativa Internacional del Biochar (IBI, por sus siglas en inglés), una organización con sede en Estados Unidos, en diálogo con IPS.
“Parte de la importancia de esto es que las comunidades puedan usar residuos agrícolas en vez de leña, y convertir eso en productos útiles. Estos beneficios significativos para el suelo pueden brindarse sin talar bosques, sin depender tanto de los fertilizantes comerciales, y usando simplemente productos que de otro modo podrían ser descartados”, señaló.
El IBI existe desde 2007 y, según Tomlinson, en ese tiempo el interés en el biocarbón aumentó notoriamente, a partir de la industria, los empresarios, los expertos en desarrollo y otros.
“Observando las referencias bibliográficas al biocarbón, se ve que hubo enormes aumentos año a año”, dijo Tomlinson.
Aunque este tema tiende a abarcar a varios grupos de intereses, claramente hay un interés comercial cada vez mayor, sostuvo.
Mientras, la industria trabaja para estandarizar los productos de este pujante sector.
El año pasado, la IBI presentó estándares iniciales para definir al biocarbón, y hace dos meses reveló un nuevo programa de certificación para productores de América del Norte.
En abril, la organización presentó un protocolo de “compensación de carbono” ante reguladores de Estados Unidos, con el fin de cuantificar cuánto carbono hay en el biocarbón y las emisiones que su uso contrarrestaría. Ahora el documento está abierto a los comentarios del público.
Fuente: IPS
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jueves, 30 de septiembre de 2010
Carta del Presidente: La naturaleza, los bosques y los pueblos indígenas no estamos en venta
(28-09-10).- Hermanos indígenas del mundo: Estoy profundamente preocupado porque se pretende utilizar a algunos dirigentes y grupos indígenas para promover la mercantilización de la naturaleza y en particular de los bosques a través de la creación del mecanismo REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación) y sus versiones REDD+ y REED++.
Cada día desaparece en el mundo una extensión de bosques y selva equivalente a 36.000 canchas de fútbol. Cada año se pierden 13 millones de hectáreas de bosques y selva. A este ritmo, los bosques desaparecerán antes de fines de siglo.
Los bosques y la selva son la mayor fuente de biodiversidad. Si continúa la deforestación, miles de especies animales y vegetales se perderán para siempre. Más de tres cuartas partes del agua dulce accesible vienen de zonas de captación en bosques, de ahí que la calidad del agua empeora cuando la condición del bosque se deteriora, Los bosques constituyen una protección ante inundaciones, erosiones y desastres naturales. Proveen bienes no maderables y maderables. Los bosques son una fuente de medicinas naturales y elementos de curación aun no descubiertos. Los bosques y la selva son los pulmones de la atmósfera. El 18% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero que se producen en el mundo son provocados por la deforestación.
Es fundamental detener esta destrucción de nuestra Madre Tierra.
Actualmente, en las negociaciones de cambio climático todos reconocen que es esencial evitar la deforestación y degradación de los bosques. Sin embargo, para lograrlo, algunos proponen mercantilizar los bosques con el falso argumento de que sólo se cuida y conserva aquello que tiene precio y propietario.
Su propuesta es tomar en cuenta sólo una de las funciones de tos bosques, que es su capacidad de absorción de dióxido de carbono, y emitir “certificados”, “bonos” o “derechos de carbono” que se comercialicen en un mercado de carbono. De esta forma, las empresas del Norte podrán optar entre hacer reducciones de emisiones en sus países o comprar “certificados REDD” en países del Sur según su conveniencia económica.
Por ejemplo, si una empresa tiene que invertir 40 ó 50 dólares para reducir la emisión de una tonelada de C02 en un “país desarrollado”, preferirá comprar un “certificado REDD” por 10 ó 20 dólares en un “país en vías de desarrollo” para decir que ha cumplido con la reducción de emisiones de dicha tonelada de C02.
A través de este mecanismo los países desarrollados traspasarán su obligación de reducir sus emisiones a los países en vías de desarrollo, y el Sur una vez más volverá a financiar al Norte ya que esa empresa del Norte se ahorrará mucho dinero comprando “certificados” de carbono de bosques del Sur.
Pero no sólo harán trampa con sus compromisos de reducción de emisiones, sino que además darán inicio a la mercantilización de la naturaleza empezando por los bosques. Los bosques pasarán a tener precio por la cantidad de toneladas de C02 que son capaces de absorber. Los “bonos” o “derechos de carbono” que certifican esa capacidad de absorción serán vendidos y comprados como cualquier mercancía a nivel mundial.
Para asegurar que nadie afecte la propiedad de los compradores de “certificados REDD” se instaurarán una serie de restricciones que acabarán afectando el derecho soberano de los países y los pueblos indígenas sobre sus bosques y las selvas. Así comenzará una nueva etapa de privatización de la naturaleza nunca antes vista que se Irá extendiendo al agua, la biodiversidad y lo que ellos denominan “servicios ambientales”.
Mientras nosotros afirmamos que el capitalismo es la causa del calentamiento global y de la destrucción de los bosques, la selva y la Madre Tierra, ellos buscan ahora expandir el capitalismo a la mercantilización de la naturaleza con el denominativo de “economía verde”.
Para conseguir el apoyo a esta propuesta de mercantilización de la naturaleza algunas entidades financieras, gobiernos, ONGs, fundaciones, “expertos” y empresas intermediarias están ofreciendo un porcentaje de los “beneficios” de esta mercantilización de la naturaleza a los pueblos indígenas y a las comunidades que viven en los bosques nativos y la selva.
La naturaleza, los bosques y los pueblos indígenas no estamos en venta.
Por siglos los pueblos Indígenas hemos vivido conservando y preservando los bosques nativos y la selva. Para nosotros los bosques y la selva no son objetos, no son cosas que uno puede poner precio y privatizar. No aceptamos que se reduzca a los bosques nativos y selvas a una simple cantidad mensurable de carbono. Tampoco aceptamos que se confunda los bosques nativos con simples plantaciones de una o dos especies de árboles. Los bosques son nuestro hogar, son la casa grande donde coexisten plantas, animales, agua, suelo, aire puro y seres humanos.
Es fundamental que todos los países del mundo trabajemos juntos para evitar la deforestación y degradación de los bosques y la selva. Es una obligación de los países desarrollados, y es parte de su deuda climática y ambiental, contribuir económicamente a la preservación de los bosques, pero NO a través de su mercantilización. Hay muchas formas de apoyar y financiar a los países en vías de desarrollo, a los pueblos indígenas y a las comunidades locales que contribuyen a la preservación de los bosques.
Los países desarrollados gastan decenas de veces más recursos públicos en la defensa, la seguridad y las guerras que en el cambio climático. Incluso durante la crisis financiera muchos han mantenido e incrementado sus gastos militares. No es admisible que aprovechando de las necesidades de las comunidades y las ambiciones de algunos dirigentes y “expertos” indígenas se pretenda involucrar a los pueblos indígenas en la mercantilización de la naturaleza.
Todo mecanismo de protección de los bosques y la selva debe garantizar los derechos y la participación indígena, pero no porque llegue a haber participación indígena en REDD podemos aceptar que se ponga precio y se negocie en un mercado mundial el carbono de los bosques y las selvas.
Hermanos indígenas, no nos dejemos confundir. Hay quienes nos dicen que el mecanismo de mercado de carbono en REDD será voluntario. Es decir que el que quiere podrá vender y comprar, y el que no lo desee se podrá marginar. Nosotros no podemos aceptar que con nuestro consentimiento se cree un mecanismo en el que voluntariamente unos vendan a la Madre Tierra mientras otros miran cruzados de manos.
Frente a estas visiones reduccionistas y mercantilistas de los bosques y la selva, los pueblos indígenas junto a los campesinos y movimientos sociales del mundo debemos luchar por las propuestas de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra:
1) Manejo integral de los bosques nativos y la selva tomando en cuenta no sólo su función mitigadora de emisiones de CO2 sino todas sus funciones y potencialidades evitando confundirlos con simples plantaciones.
2) Respeto a la soberanía de los países en vías de desarrollo en la gestión integral de sus bosques.
3) Pleno cumplimiento de los derechos de los pueblos indígenas establecidos en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el Convenio 169 de la OIT y otros instrumentos internacionales; reconocimiento y respeto a sus territorios; revalorización y aplicación de los conocimientos indígenas para la preservación de los bosques; participación y gestión de los bosques y la selva por los pueblos indígenas.
4) Financiamiento de los países desarrollados a los países en vías de desarrollo y a los pueblos indígenas para el manejo integral de los bosques como parte de su deuda climática y ambiental. No establecimiento de ningún mecanismo de mercado de carbono o de “incentivos” que conlleve a la mercantilización de los bosques y selva.
5) Reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra que comprende los bosques, la selva y todos sus componentes. Para restablecer la armonía con la Madre Tierra, el camino no es ponerle precio a la naturaleza sino reconocer que no sólo los seres humanos tenemos derecho a la vida y a reproducirnos, sino que también la naturaleza tiene derecho a la vida y a regenerarse, y que sin la Madre Tierra los seres humanos no podemos vivir.
Hermanos indígenas, junto a los hermanos campesinos y a los movimientos sociales del mundo, debemos movilizarnos para que las conclusiones de Cochabamba sean asumidas en Cancún y para impulsar un mecanismo de ACCIONES RELATIVAS A LOS BOSQUES basado en estos cinco principios, manteniendo siempre en alto la unidad de los pueblos indígenas y los principios de respeto a la Madre Tierra que por siglos hemos preservado y heredado de nuestros antepasados
(Fdo) Evo Morales Ayma
Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia.
Cada día desaparece en el mundo una extensión de bosques y selva equivalente a 36.000 canchas de fútbol. Cada año se pierden 13 millones de hectáreas de bosques y selva. A este ritmo, los bosques desaparecerán antes de fines de siglo.
Los bosques y la selva son la mayor fuente de biodiversidad. Si continúa la deforestación, miles de especies animales y vegetales se perderán para siempre. Más de tres cuartas partes del agua dulce accesible vienen de zonas de captación en bosques, de ahí que la calidad del agua empeora cuando la condición del bosque se deteriora, Los bosques constituyen una protección ante inundaciones, erosiones y desastres naturales. Proveen bienes no maderables y maderables. Los bosques son una fuente de medicinas naturales y elementos de curación aun no descubiertos. Los bosques y la selva son los pulmones de la atmósfera. El 18% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero que se producen en el mundo son provocados por la deforestación.
Es fundamental detener esta destrucción de nuestra Madre Tierra.
Actualmente, en las negociaciones de cambio climático todos reconocen que es esencial evitar la deforestación y degradación de los bosques. Sin embargo, para lograrlo, algunos proponen mercantilizar los bosques con el falso argumento de que sólo se cuida y conserva aquello que tiene precio y propietario.
Su propuesta es tomar en cuenta sólo una de las funciones de tos bosques, que es su capacidad de absorción de dióxido de carbono, y emitir “certificados”, “bonos” o “derechos de carbono” que se comercialicen en un mercado de carbono. De esta forma, las empresas del Norte podrán optar entre hacer reducciones de emisiones en sus países o comprar “certificados REDD” en países del Sur según su conveniencia económica.
Por ejemplo, si una empresa tiene que invertir 40 ó 50 dólares para reducir la emisión de una tonelada de C02 en un “país desarrollado”, preferirá comprar un “certificado REDD” por 10 ó 20 dólares en un “país en vías de desarrollo” para decir que ha cumplido con la reducción de emisiones de dicha tonelada de C02.
A través de este mecanismo los países desarrollados traspasarán su obligación de reducir sus emisiones a los países en vías de desarrollo, y el Sur una vez más volverá a financiar al Norte ya que esa empresa del Norte se ahorrará mucho dinero comprando “certificados” de carbono de bosques del Sur.
Pero no sólo harán trampa con sus compromisos de reducción de emisiones, sino que además darán inicio a la mercantilización de la naturaleza empezando por los bosques. Los bosques pasarán a tener precio por la cantidad de toneladas de C02 que son capaces de absorber. Los “bonos” o “derechos de carbono” que certifican esa capacidad de absorción serán vendidos y comprados como cualquier mercancía a nivel mundial.
Para asegurar que nadie afecte la propiedad de los compradores de “certificados REDD” se instaurarán una serie de restricciones que acabarán afectando el derecho soberano de los países y los pueblos indígenas sobre sus bosques y las selvas. Así comenzará una nueva etapa de privatización de la naturaleza nunca antes vista que se Irá extendiendo al agua, la biodiversidad y lo que ellos denominan “servicios ambientales”.
Mientras nosotros afirmamos que el capitalismo es la causa del calentamiento global y de la destrucción de los bosques, la selva y la Madre Tierra, ellos buscan ahora expandir el capitalismo a la mercantilización de la naturaleza con el denominativo de “economía verde”.
Para conseguir el apoyo a esta propuesta de mercantilización de la naturaleza algunas entidades financieras, gobiernos, ONGs, fundaciones, “expertos” y empresas intermediarias están ofreciendo un porcentaje de los “beneficios” de esta mercantilización de la naturaleza a los pueblos indígenas y a las comunidades que viven en los bosques nativos y la selva.
La naturaleza, los bosques y los pueblos indígenas no estamos en venta.
Por siglos los pueblos Indígenas hemos vivido conservando y preservando los bosques nativos y la selva. Para nosotros los bosques y la selva no son objetos, no son cosas que uno puede poner precio y privatizar. No aceptamos que se reduzca a los bosques nativos y selvas a una simple cantidad mensurable de carbono. Tampoco aceptamos que se confunda los bosques nativos con simples plantaciones de una o dos especies de árboles. Los bosques son nuestro hogar, son la casa grande donde coexisten plantas, animales, agua, suelo, aire puro y seres humanos.
Es fundamental que todos los países del mundo trabajemos juntos para evitar la deforestación y degradación de los bosques y la selva. Es una obligación de los países desarrollados, y es parte de su deuda climática y ambiental, contribuir económicamente a la preservación de los bosques, pero NO a través de su mercantilización. Hay muchas formas de apoyar y financiar a los países en vías de desarrollo, a los pueblos indígenas y a las comunidades locales que contribuyen a la preservación de los bosques.
Los países desarrollados gastan decenas de veces más recursos públicos en la defensa, la seguridad y las guerras que en el cambio climático. Incluso durante la crisis financiera muchos han mantenido e incrementado sus gastos militares. No es admisible que aprovechando de las necesidades de las comunidades y las ambiciones de algunos dirigentes y “expertos” indígenas se pretenda involucrar a los pueblos indígenas en la mercantilización de la naturaleza.
Todo mecanismo de protección de los bosques y la selva debe garantizar los derechos y la participación indígena, pero no porque llegue a haber participación indígena en REDD podemos aceptar que se ponga precio y se negocie en un mercado mundial el carbono de los bosques y las selvas.
Hermanos indígenas, no nos dejemos confundir. Hay quienes nos dicen que el mecanismo de mercado de carbono en REDD será voluntario. Es decir que el que quiere podrá vender y comprar, y el que no lo desee se podrá marginar. Nosotros no podemos aceptar que con nuestro consentimiento se cree un mecanismo en el que voluntariamente unos vendan a la Madre Tierra mientras otros miran cruzados de manos.
Frente a estas visiones reduccionistas y mercantilistas de los bosques y la selva, los pueblos indígenas junto a los campesinos y movimientos sociales del mundo debemos luchar por las propuestas de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra:
1) Manejo integral de los bosques nativos y la selva tomando en cuenta no sólo su función mitigadora de emisiones de CO2 sino todas sus funciones y potencialidades evitando confundirlos con simples plantaciones.
2) Respeto a la soberanía de los países en vías de desarrollo en la gestión integral de sus bosques.
3) Pleno cumplimiento de los derechos de los pueblos indígenas establecidos en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el Convenio 169 de la OIT y otros instrumentos internacionales; reconocimiento y respeto a sus territorios; revalorización y aplicación de los conocimientos indígenas para la preservación de los bosques; participación y gestión de los bosques y la selva por los pueblos indígenas.
4) Financiamiento de los países desarrollados a los países en vías de desarrollo y a los pueblos indígenas para el manejo integral de los bosques como parte de su deuda climática y ambiental. No establecimiento de ningún mecanismo de mercado de carbono o de “incentivos” que conlleve a la mercantilización de los bosques y selva.
5) Reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra que comprende los bosques, la selva y todos sus componentes. Para restablecer la armonía con la Madre Tierra, el camino no es ponerle precio a la naturaleza sino reconocer que no sólo los seres humanos tenemos derecho a la vida y a reproducirnos, sino que también la naturaleza tiene derecho a la vida y a regenerarse, y que sin la Madre Tierra los seres humanos no podemos vivir.
Hermanos indígenas, junto a los hermanos campesinos y a los movimientos sociales del mundo, debemos movilizarnos para que las conclusiones de Cochabamba sean asumidas en Cancún y para impulsar un mecanismo de ACCIONES RELATIVAS A LOS BOSQUES basado en estos cinco principios, manteniendo siempre en alto la unidad de los pueblos indígenas y los principios de respeto a la Madre Tierra que por siglos hemos preservado y heredado de nuestros antepasados
(Fdo) Evo Morales Ayma
Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia.
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