Ernesto Laclau: "El populismo garantiza la democracia"
Foto: Gustavo Cherro
El reconocido especialista en filosofía política habla de su libro La razón populista,
en el que propone una provocativa vuelta de tuerca al rescatar de la
marginalidad ese fenómeno clave de la historia latinoamericana
Habitualmente, cuando se habla de populismo se hace referencia a un tipo
de gobierno asistencialista, demagógico, de inspiración nacional, que
gasta más de lo que tiene y que pasa por sobre las instituciones y la
ley amparado en la fuerza que le da el apoyo de esa entidad
supraindividual llamada pueblo. Sin embargo, Ernesto Laclau, doctor en
Historia dedicado a la filosofía política, ha propuesto con su libro La
razón populista una provocativa vuelta de tuerca sobre el fenómeno del
populismo, al proponer "rescatarlo de su lugar marginal dentro de las
ciencias sociales" y pensarlo no como una forma degradada de la
democracia sino como un tipo de gobierno que permite ampliar las bases
democráticas de la sociedad. "El populismo -dice Laclau- no tiene un
contenido específico, es una forma de pensar las identidades sociales,
un modo de articular demandas dispersas, una manera de construir lo
político."
Doctorado en Oxford, adonde llegó con el padrinazgo de Eric Hobsbawn
hace casi 30 años, Laclau está en el país para participar en el
seminario Psicoanálisis y Ciencias Sociales, organizado por Flacso. En
diálogo con LA NACION relativizó el supuesto componente antidemocrático
del gobierno de Hugo Chávez, manifestó su optimismo respecto de la
situación de nuestro país y explicó la tesis central de su libro:
"Cuando las masas populares que habían estado excluidas se incorporan a
la arena política, aparecen formas de liderazgo que no son ortodoxas
desde el punto de vista liberal democrático, como el populismo. Pero el
populismo, lejos de ser un obstáculo, garantiza la democracia, evitando
que ésta se convierta en mera administración".
-¿Por qué cree que se ha generalizado lo que Ud. define como una concepción peyorativa del populismo?
-La crítica clásica al populismo está muy ligada a una concepción
tecnocrática del poder según la cual sólo los expertos deben determinar
las fórmulas que van a organizar la vida de la comunidad. Pongamos el
ejemplo de Venezuela. Allí hay masas políticas vírgenes que nunca habían
participado en el sistema político excepto a través de formas de
extorsión de carácter clientelístico. Entonces, en el momento en que
esas masas se lanzan a la arena histórica, lo hacen a través de la
identificación con cierto líder, y ése es un liderazgo democrático
porque, sin esa forma de identificación con el líder, esas masas no
estarían participando dentro del sistema político y el sistema político
estaría en manos de elites que reemplazarían la voluntad popular.
-Cuando habla de mayor democratización se refiere a la inclusión de
las masas populares en la política. Pero, en general, los reclamos por
las actitudes antidemocráticas de Chávez, y en algunas ocasiones también
de Kirchner, aluden a la dificultad para tolerar el pluralismo, a la
manipulación del Congreso, a los difíciles vínculos con la oposición...
-En primer lugar, liberalismo y democracia no son términos que tiendan
naturalmente a coincidir. Fue necesario todo el largo y complejo proceso
de las revoluciones y reacciones del siglo XIX para alcanzar un
equilibrio en ciertas formas que pasaron a ser llamadas liberal
democráticas, como formas más o menos estables. Pero esa integración
nunca se logró en la historia latinoamericana. Nosotros teníamos un
liberalismo oligárquico que respetaba las formas liberales pero tenía
una base clientelística que impedía toda expresión a las aspiraciones
democráticas de las masas. Por eso, cuando las aspiraciones democráticas
de las masas empiezan a presentarse en los años 30, 40, 50, muchas
veces se expresan a través de formas políticas que fueron estrictamente
antiliberales, como el varguismo y el Estado Novo, como el peronismo,
regímenes formalmente antiliberales y que, sin embargo, fueron
profundamente democráticos porque dieron cabida a una serie de
aspiraciones de las masas.
-¿En qué medida hoy las condiciones son distintas?
-En los últimos 20 años, por primera vez en la historia latinoamericana,
las aspiraciones nacionales y populares de las masas logran coincidir
con la afirmación de los derechos humanos, la división de poderes, el
pluralismo político.
-¿Cómo se combinan estas dos perspectivas?
-Las dos tienen que estar presentes si queremos tener algo que se pueda
llamar una sociedad democrática. Frente a la concepción tecnocrática del
poder está la noción de la política como antagonismo, es decir, la
emergencia de demandas sociales que se plantean a un cierto sistema.
Esas demandas sociales constituyen un pueblo y el pueblo se constituye
siempre en su oposición al poder. En la Argentina, por ejemplo, hemos
tenido, después de la crisis del 2001, una enorme expansión horizontal
de la protesta social y una escasa capacidad del sistema para absorber
esas demandas en un sistema vertical institucional estable. De alguna
manera, me parece que el actual gobierno está tratando de poner juntas
las dos dimensiones, la vertical y la horizontal, y de esa manera crear
un sistema ampliado de carácter más democrático.
-¿En qué consiste esa ampliación democrática?
-En el campo social hay grupos corporativos muy atrincherados, grupos
económicos, empresarios, también grupos sindicales, muy fuertes. Pero
hay sectores de la población que tienen un grado de integración y de
identidad corporativa mucho menos consolidada, sectores marginales.
Cuando esto ocurre, es necesario que la función de los líderes políticos
no sea simplemente expresar intereses que ya están constituidos, sino
ayudar a la constitución de esos otros intereses que han estado
marginados.
-¿Como los que representa el movimiento piquetero?
-Sí, por ejemplo. En el sistema político argentino hay dos tipos de
fuerza que son profundamente negativas. Una es la que dice que a los
piqueteros hay que reprimirlos, porque eso sólo llevaría a ahogar las
manifestaciones sin darles solución, y por el otro lado, el piqueterismo
duro, que también es una forma de la no política, porque no propone
ninguna forma de canalización a través del marco institucional
existente. Siempre va a haber cierta tensión entre la protesta social y
su integración en las instituciones. Pero esa tensión es exactamente lo
que llamamos democracia.
-Ud. llega en un momento de extrema dureza en la interna peronista. ¿Cree que esto podría afectar la gobernabilidad?
-No, la Argentina ha mostrado en los últimos dos años una capacidad de
gobernabilidad excepcional. Hemos superado una crisis económica de
primera magnitud, adoptamos una actitud crítica frente al FMI que ha
producido una serie de efectos positivos, tenemos un sistema económico
en buena medida controlado. Por otra parte, hay alternativas políticas
distintas que pueden presentarse a través de la redefinición dentro de
las formaciones políticas existentes, como la de la interna del
justicialismo.
-¿Son verdaderas alternativas políticas? ¿No son disputas por intereses personales y espacios de poder?
-Puede ser, pero a través de esos intereses se van expresando algunas
otras tendencias más generales. Siempre la política, así, en su minucia
cotidiana, tiene esas características a las que Ud. se refiere. Pero las
disputas que se dan hoy en día en Francia dentro del movimiento
gaullista o dentro del partido socialista no son demasiado diferentes de
las que se dan dentro del justicialismo. Y sin embargo, nadie habla de
una crisis de gobernabilidad. Yo no veo en estas circunstancias que esa
lucha de intereses degenere en camarillas de tipo clientelístico de tipo
totalmente apolíticas.
-Condoleezza Rice se refirió al riesgo del populismo en
América latina y lo relacionó con un nuevo eje del mal. ¿Cómo ve el
mapa político de Amércia latina?
-Bueno, en primer lugar, el mapa que los EE.UU. hacen de América tiene
que ver con el mapamundi global que está tratando de establecer la
política de Bush, tratar de crear una frontera ético-política que divida
al conjunto de la humanidad entre el terrorismo y el no terrorismo
cuando, por otra parte, el terrorismo es definidio en forma tal que
nunca son claros los actores que entran dentro del campo del terrorismo.
Por otro lado, a nivel internacional, la tendencia de toda esta
orientación de derecha es crear un mundo unipolar y eso es lo peor que
podría pasar para las posibilidades democráticas de países como los
nuestros. Si la Comunidad Europea se transformara en un interlocultor
político cada vez más activo, si China empezara a participar también en
el cuadro de opciones internacionales, entonces realidades como las del
Mercosur podrían empezar a jugar estratégicamente. Esta va a ser la gran
apuesta de los próximos años en política internacional.
-¿Ud.es optimista respecto a la situación argentina hoy?
-Soy bastante optimista, sí.
-¿En qué sostiene ese optimismo y en qué mantiene cierta reserva?
-Si se deteriora mucho la situación económica, el precario equilibrio
político que se ha creado hasta ahora, que ha permitido cierta
democratización de las luchas sociales, puede verse afectado. También
podría ocurrir que, finalmente, las tendencias más tradicionales de la
partidocracia, el duhaldismo y demás consigan bloquear la tentativa de
crear una apertura democrática. Pero soy optimista porque yo creo que,
desde el punto de vista de sus expectativas democráticas, la Argentina
está viviendo su mejor momento desde los últimos 40 o 50 años.
-Sin embargo, desde de la crisis de 2001, ante la perplejidad
de no haber sido aquel país que prometíamos ser en el Centenario, suele
haber coincidencia en que, si hubo una época dorada en la historia
argentina, ésa fue la Argentina del granero del mundo en contraposición a
ésta a la que se juzga en decadencia.
-Es que en esa reinvindicación no se atiende al funcionamiento del
sistema democrático en sí. Antes del 30, el funcionamiento de la
política argentina era muy poco democrático. Había, en primer lugar, un
nivel básico que era el nivel de los punteros, que manipulaban votos a
cambio de favores. Por encima de ellos estaban los caudillos y, por
encima, los diputados y senadores que negociaban con ellos. A través del
desarrollo económico, las demandas tendían a ser absorbidas
institucionalmente por este sistema clientelístico. Pero cuando el
sistema, a partir de la crisis del 30, empieza a restringirse, las
demandas ya no pueden ser absorbidas por los canales tradicionales y se
empieza a crear una situación prepopulista, es decir, una acumulación de
demandas insatisfechas y un sistema que no responde a estas demandas.
Hasta que aparece alguien que empieza a convocar por fuera del sistema
institucional a estas masas vírgenes que estaban con las raíces a la
intemperie, y allí se empieza a producir un nuevo tipo de movilización
que culmina con la emergencia del peronismo. A partir de allí ya no se
necesitaba del caudillo para tener una cama en el hospital, porque
estaba el hospital sindical.
-Bueno, los punteros no han desaparecido.
-No, si uno va al Congreso ve cómo continúan operando, pero no tienen el dominio total que tuvieron en la política tradicional.
-Y la negociación de favores también sobrevive.
-Sí, claro. ¿Y qué es si no el duhaldismo? Ahora lo hace de una forma
más institucional, es más un clientelismo de tipo burocrático.
-Su libro puede leerse como un elogio del populismo y, en esa línea, como una defensa del peronismo.
-Yo creo que el peronismo representó un enorme desarrollo en la
participación de las masas en el sistema político. Tal vez no fue de las
mejores. Uno se imagina que podría haber tenido formas más
democráticas, pero fue la que históricamente resultó posible. De modo
que yo creo que cualquier elaboración de una política más progresista
tiene que partir de ese punto histórico, porque el cauce histórico que
abrió el 45 es un dato absolutamente primordial y definitivamente
positivo de la historia argentina. El régimen oligárquico que existía
antes, basado en el fraude, no me parece mejor.
El perfil
En Inglaterra
Ernesto Laclau tiene 70 años y está radicado en Inglaterra desde hace
casi cuatro décadas. Es profesor de Teoría Política y director del
doctorado en Ideología y Análisis del Discurso de la Universidad de
Essex.
Numerosos ensayos
Es autor de Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo,
Emancipación y diferencia, Contingencia, hegemonía, universalidad (con
Judith Butler y Slavoj Zizek) y Hegemonía y estrategia socialista
(escrito con Chantal Mouffe), entre otros ensayos
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/719992-ernesto-laclau-el-populismo-garantiza-la-democracia